Ok, si has visto alguna vez en el diccionario la definición de ‘tiro por la culata’ quizás has visto mi foto ahí. Como he escrito antes, tengo tres niños de edades cinco, ‘casi’ cuatro, y dos. Como te podrás imaginar, los últimos seis años de mi vida he pasado un ‘poco’ ocupada. Cuando vinieron los primeros dos hijos fue un tiempo hermoso, pero muy difícil pues estaba aprendiendo a ser mamá sobre ruedas. Por lo mismo que todo pasaba muy rápido, el primer diente de mi hija mayor, sus primeros pasos, luego mi hijo y sus primeras palabras. De muchas de estas cosas me acuerdo y muchas solo porque tengo fotos de ellas. Como fueron muchos eventos y pasaron todos tan rápido, es difícil acordarse de todos los detalles.
Por eso, cuando nació mi tercera hija, decidí disfrutar cada momento y darme un ‘break’ en cuanto a la disciplina. Cuando vi a los dos mayores tan independientes y grandes, pensé que no quería que pasara lo mismo con mi ‘bebe’. A ella si le iba a permitir quedarse bebe tanto como quisiera y la iba a cargar tanto como ella quisiera. Bueno, ahí es cuando tuve uno de esos momentos que la gente dice “Si quieres hacer a Dios reír, cuéntale tus planes”. Verás, mi hija lo menos que quiere es ser bebe pues todo dice que ella puede hacerlo sola. Y aunque tiene dos años, pesa como 35 libras, lo cual ya no me permite cargarla. Por eso te digo, Dios se ha de haber reido de mis planes.

En fin, a sus 18 meses, mi ‘bebe’ era el terror de mi casa. Mi marido y yo siempre peleábamos porque él no estaba de acuerdo en que yo la mimara tanto. Yo me resentía con él pues pensaba que estaba haciendo un buen trabajo con mis dos hijos mayores, entonces en el fondo me creía con el derecho de consentir a la tercera. Mi hija mayor le tenía miedo al temperamento y constantes berrinches de la bebe. Mi hijo, por mis débiles vísceras, tomó el rol de papá con ella y siempre le decía ¡Andrea!, eso no se hace. Y no fue sino hasta que fui a Monterrey a pasar tiempo con mi familia que me di cuenta que Andrea estaba muy mimada. La verdad que me hizo pasar vergüenzas con sus mega berrinches (pataletas) con las que se lucio sin discriminar lugar. Fue cuando entendí uno de los versículos de Proverbios que dice:
“La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre.” Prov. 29:15
Así que quisiera saber, ¿POR QUE NADIE ME LO DIJO?!! Bueno, ojalá pudiera decir que nadie me dijo, pero la verdad que sí, que ya lo había escuchado antes y no había creído que YO estuviera malcriando a mi hija. Me consideraba una mamá estricta y me enorgullecía de lo obedientes que eran mis hijos. La verdad que su trabajo me costó, y por eso me consideraba con el derecho de, como dicen los gringos, ‘echar a perder’ a una.
Bueno, cuando regresé de Monterrey, mi hermana menor me confrontó por teléfono. Me dijo, en verdad que has dejado que Andrea se te suba. Y yo todavía lo negaba, y decía que no era para tanto. Una tarde estaba sentada en una silla de mi comedor, cuando la susodicha llegó a la sala y se subió a un sillón. Comenzó a saltar en el y yo le dije, Andrea siéntate por favor, o te vas a caer. Ella volteo a verme y gritó: ¡NO! y volvió a brincar. Todo paro en ese momento. Esperaba que alguien viniera y le dijera: ¡Andrea, eso no se hace! Pero nadie llego y escuche una voz que me dijo: tú eres la mamá y ella es la hija.
Ahí se le acabo ‘la buena vida’ a mi hija. Y digo buena vida entre comillas, porque ahora entiendo que no era justo quitarle a mi hija el privilegio de crecer dentro de perímetros establecidos para ella por su mamá. Soy la única mamá que va a tener, y no quiero robarle el derecho de crecer con una mamá madura. ¿Qué culpa tiene ella de que yo esté cansada de disciplinar?
Esto que te cuento pasó hace casi cuatro meses y hoy puedo reportar que Andrea dice, Si mami, cuando le pido algo, la mayoría del tiempo. No te digo que es una niña perfecta o que no tiene sus rachitas de berrinches de vez en cuando. Lo que ha cambiado es mi perspectiva. Yo, hoy me se mamá de Andrea también y lo que resta, poco a poco se va a ir alineando al modelo que Dios quiere para mi familia. Si he tenido que pagar ‘platos rotos’ pero entiendo que eso es mi propia cosecha. Por eso ya comencé a cambiar la siembra y dejarle de contar mis planes a Dios. Ahora le pido a EL que me de sabiduría para saber qué y cómo sembrar en Andrea, pues definitivamente ella es de un carácter muy diferente a sus hermanos. Y aunque a mi me tomó por sorpresa lo diferente que ella es a sus hermanos, a Dios no. El ya sabia como iba a ser Andrea e igual la dio a nuestra familia. Estamos en un progreso continuo, Gloria a Dios y a SU fidelidad.